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jueves, 25 de diciembre de 2014

La esperanza de las ciudades

"Y yo dije 
             olvídalo 
 no me encuentro bien 
 tengo la tristeza triste, 
 lo único que quiero es 
 echarte un polvo." 
     Charles Bukowski 





        Después de largos años esperando inundaciones en el desierto, me di cuenta de que allí no iba a nacer ni una jodida gota de agua, ni que el nunca más iba a volver.
Decidí alejarme de aquel paraje tan absurdo, ¿Qué pintaba allí una chica de armas tomar sin un hombre al que disparar? No tenía sentido, aunque era obvio que yo tampoco creía mucho en la cordura....
En fin, hice mis maletas y me puse en camino para buscar nuevos lugares en los que poder correr descalza o a lo mejor sentirme un poco más libre de estas faldas.
Busqué...
Busqué....
Busqué.....
"¡Qué cansino es esto de buscar horizontes, contigo esto no me pasaba." Pensé.
Pasaron las semanas, los meses y nada, me rompí mis zapatos de tacón en selvas, me arañé mi piel al pasar por bosques, me caí por acantilados y casi me ahogo en mares. Cuando las tormentas, los huracanes y cualquier otro tipo de problema meteorológico habían acabado conmigo, apareces tu, como un rayo de sol cegador o como una nube grisácea que me transmite tranquilidad, o como una bonita América sin haber sido colonizada.
Bonito paisaje, bonito nombre, bonito clima y bonito país. Tenía todo lo que yo había estado diseñando en mi mente y tanto que daba miedo el no saber sí había llegado a ser tan egoísta de haberme inventado una ciudad que era mía y para nadie más. Mis ganas de ver como eran sus cuatro estaciones podían con mi frialdad. Me preguntaba si la primavera allí sería más soleada y con más amapolas y girasoles. Si en el verano, las luciérnagas serían más brillantes por la noche y por el día. Si en el otoño las hojas se caerían como el sol se cae con los colores del cielo o si su jardín olería a tierra mojada. Y si el invierno era tan frío como el de las altas montañas de Alaska.
Y yo lo vi, después de haber estado fantaseando con el,
yo lo vi,
como se acercaba a mi
y como yo me iba convirtiendo en su ciudad.

sábado, 31 de mayo de 2014

La realidad incoherente

Las noches frías, húmedas, tenebrosas nunca han servido para decirle a alguien que le quieres.
¿Por qué rompo las fotos que nunca hemos tenido?
¿Por qué me atormento tanto por no haberte llorado más?
¿Por qué me lleno de orgullo y salgo a bailar?
¿Por qué oscilo entre el bien común y el mal de tu cama?
¿Por qué no me se ninguno de tus hobbies?
¿Por qué mañana no te tengo y ayer tampoco? 

"Estas son la mínima parte de mis realidades, mi mente o mi alma siempre estarán dotadas de ellas."
                                  La soledad siempre ha abrazado mejor que tu,
 y es tan bonito como saber que no me quieres o como saber que me decanto por las canciones que son pura melancolía.
                                               Se me dan demasiado bien las mentiras,
como cuando te dije que mi película favorita siempre iba a ser la nuestra o como cuando lloré la primera vez por alejarme de ti y oí como mis pensamientos decían que te quería demasiado o que yo me quería muy poco.
                                                 Disfruto del momento o rompo las ventanas,
bailo como si no hubiera un mañana, me pierdo en la boca de miles de flores y lloro solo porque se a acabado la música, nunca dejo de brillar.
                                                  Recuerdo como si fuera ayer que te enseñé mi sofá favorito,
me pediste que lo trajéramos a un páramo alejado de la sociedad, que nunca se manchara de la tristeza y que le pusiera iniciales marcando nuestro territorio: "Hemos hecho nuestro mundo en este sofá, no lo pierdas nunca."
                                                 Me encantan las flores,
siempre he querido ser de las de 14 de Febrero y un ramo de corazones rotos, o de girasoles, como más guste el consumidor.
                                        Suena el despertador y yo no he puesto ninguna alarma,
¿Por qué suena? ¿Quién ha puesto esta maldita alarma, indicando la hora exacta de tu partida?
Los hipócritas siempre pasean por el cementerio de las señales perdidas.
                                         Siempre es necesario un plan B, o un plan C,
 el plan A puede revelarse contra ti y convertir tus sueños en pesadillas. De todos modos, nunca dejo el corazón demasiado tiempo en cualquier objetivo.
                                       Me río yo de los que vuelan toda la vida con los ojos cerrados,
de la manera en la que humillan a los que tienen las alas rotas y no son capaces de sanar sus heridas, de los que se complican en buscar la solución a todo o de los que nunca buscan la solución a nada.
¡Qué vivan los incomprendidos!, ¡Qué vivan los besos que nos hacen soñar y los que nos quitan el sueño!, ¡Qué vivan las personas que dicen no poder olvidar cuando el amor siempre esta a la vuelta de la esquina!, ¡Qué viva la alegría de las estrellas, que la luna no siempre ha estado sola, un gitano siempre le cantó a ella!
                                              

                                  Por desgracia o por suerte, me he fumado mi último cigarro
                                  y que bien sabe la última calada.