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jueves, 7 de enero de 2016

Un día de estos me arrancare la piel y te la regalaré como premio






En aquel tiempo que me perseguía el miedo y la desolación,
fue frágil aquel invierno en el páramo de su cuarto.
Nunca se me olvidará como la sangre le recorría por sus ojos
y a mi solo me quedaba veneno en los míos.

Fue un frío otoñal, la lluvia hacia de nosotros un par de sombras en
un parque de amapolas sin tinta o vida alguna.
Yo yacía en mucho engaño y él había vuelto a ensuciarse
en cualquier medias de otra.

El último día que le vi,
llevaba la camisa rota y el corazón a destiempo.
En cambio yo, estaba con ganas de hacer ruido en su soledad.


Ahora que llegó la primavera,
recordando viejos momentos,
ahora solo le digo esto:
-Que jaleo, yo solo estoy escuchando el latido de tu corazón.-

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